jueves, 7 de diciembre de 2017

Nos diremos adiós todas las mañanas



La había observado mientras se vestía en otras ocasiones, pero aquella vez le resultó especial. Quizá fuera por la luz que entraba por una rendija de la cortina y que inundaba la habitación creando una atmósfera casi sobrenatural. O quizá fuera por el olor a su perfume y la tibieza que esta vez desprendían las sábanas en las que acababan de hacer el amor aquella mañana. El caso es que la observó detenidamente mientras ella, consciente de que lo hacía, alargaba el ritual más de lo normal, como si fuera una especie de homenaje a lo que acababa de ocurrir entre ellos. Se enfundó las medias lentamente y abrochó su blusa con una cadencia que a él le resultó casi rítmica. Desde la parte  inferior fue subiendo poco a poco y dejó descuidadamente abiertos los tres últimos botones. Se atusó la melena y se enfundó los pantalones, ajustándolos despacio a sus piernas largas. Justo en ese momento le miró directamente a los ojos y él supo que había estado siempre enamorado de esa mirada, de esos ojos y de la forma en que pronunciaba su nombre mientras hacían el amor. Ella sabía, porque así lo habían hablado en infinidad de ocasiones, que le excitaba verla vestirse aún más que verla desnudarse. “Esta vez quédate, por favor”, la susurró y su voz sonó como una súplica. Ella se acercó suavemente, felina, segura de sí misma y sin dejar de mirarle directamente a los ojos puso un beso en sus labios por toda respuesta. Después volvió a salir como lo hacía siempre: sola, vestida y sin hacer ruido. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

TIempo

De nada sirve romper todos los relojes cuando lo que realmente quieres es vivir sin tiempo. De nada sirve depositar en el futuro el miedo que no te deja vivir este momento y así comprar un poco de esperanza diferida. La vida es ese minuto necesario. Ese minuto único. Ese minuto impredecible. Lejos de él nada existe. Tan solo el recuerdo o la promesa. Yo sé, porque así lo he sabido siempre, que la única manera de estar contigo es vivir en círculos. Y gracias a ti, sé también  que es posible recorrer una selva, subir una montaña, atravesar un desierto o navegar por cien mares escuchando tan solo el sonido de tu respiración. Llegamos tarde. Siempre llegaremos tarde. El tiempo a veces vino cargado de halcones y de erizos. Otras en cambio nos trajo un silencio compartido. Nuestro amado silencio. El silencio que nos compromete es también  el silencio que nos comprende y nos alimenta. No creo en una vida sin ti. No concibo un poema en el que no estés tú. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

B1

Nunca fue su intención que el último mensaje que la envió sonara como una amenaza. En realidad no lo era. El plazo que él la había dado para la contestación no era más que un intento de fijar para los dos un marco temporal para la esperanza. Un tiempo necesario de retorno más allá del cual no existe la posibilidad de mantener una mínima esperanza. Como cuando en un avión se consume un límite concreto de combustible y el regreso al punto de partida sencillamente no es posible. “Un marco temporal para la esperanza” repitió en voz baja. Pero aquel día no utilizó esa expresión. A menudo las frases más precisas o los argumentos más certeros se le ocurrían varias horas o incluso varios días después de las conversaciones o de las discusiones que mantenían. Hubiera sido muy gráfico y muy preciso, pensó. Quizá ella hubiera entendido mejor sus planteamientos. Se habría dado cuenta de que no era más que un salvavidas que alguien les lanzaba a ambos. Pero no utilizó esa frase y ahora ya era demasiado tarde y ella no pudo evitar notar en el SMS un aire de amenaza.  Y claro, reaccionó mal. Una amenaza es siempre la anticipación de una agresión o la promesa de una agresión. Nunca reaccionamos bien a una agresión. Ella tampoco lo hizo.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Soy

               Soy una utopía y una solución. Soy una isla rodeada de silencio Soy un soldado que defiende un puente. Soy una voz y el fragmento de una mirada. Soy una sombra y una duda. Soy un cóndor que vuela sobre ti. Soy una realidad que sucede de repente. Soy una esquina solitaria. Soy un viajero herido. Soy una verdad y también alguna ficción. Soy una pena y cien mil alegrías. Soy el amante que regresa. Soy una luz que se enciende. Soy una ambición y una caricia. Soy una expresión anormalmente sencilla. Soy ironía y también ternura. Soy todos mis recuerdos y alguno de mis olvidos. Soy todas las heridas que no se pudieron cerrar. Soy mi carcelero y mi libertador. Soy un rumor y cien palabras. Esto es lo que soy. Soy como tú.













*Si pudiera explicarte con palabras todo lo que soy, no escribiría poemas. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

Ábrete Sésamo


De niño sentía una admiración especial por la cueva de Alí Babá. En realidad admiraba todo lo que se refería a ese ladrón y a su banda. Los cuarenta ladrones. Ni uno más ni un menos. Justo cuarenta. Era más que una banda un ecosistema cerrado. Me imaginaba que cada uno tenía una misión o una especialidad. Y sobre todo los imaginaba con una ferocidad absoluta. Y al mando, el malvado Alí por el que siempre sentí un enorme aprecio. Solía hacer a cualquier adulto que estuviera a mí alrededor, infinidad de preguntas sobre la banda y especialmente sobe la cueva. Me fascinaba que guardaran los tesoros en una cueva. Mi imaginación volaba y podía ver y casi tocar todos esos objetos maravillosos, radiantes e inverosímiles amontonados en una cueva de oro. Y luego estaba cómo se abría la puerta. Tecnología punta. ¡Ábrete, Sésamo! No ábrete, cueva o puerta o ábrete, roca. No. Sésamo. Esa palabra ha ejercido una influencia brutal en mi vida y en alguna ocasión la he repetido como un mantra. ¡Ábrete, sésamo! Nada malo puede ocurrir si llegas a tiempo para refugiarte en la cueva de las maravillas. En mi cueva de Alí yo guardo principalmente mis libros: las riquezas que he ido acumulando a lo largo de mi vida. Muchos de ellos han marcado la  formación como persona. Otros, en cambio, esperan pacientemente en las estanterías. Los libros tienen una paciencia infinita. A este lugar yo lo llamé La cueva de los locos. Años después abrí un Blog que es en el que ahora estoy escribiendo esta entrada. Aquí es donde trato de comprenderme. En esa comprensión hoy he querido hacer referencia a dos palabras importantes que no significan nada, o que lo significan todo: “Ábrete, Sésamo”


jueves, 23 de noviembre de 2017

Cualquier sospecha es una afirmación

Cualquier sospecha es una afirmación. Ya sea grande o pequeña, incómoda o amable, necesaria o intrascendente, cualquier sospecha es una afirmación. Comienza como nacen los monstruos y se establece dentro del alma de las personas atormentadas tal y como lo hace el miedo: normalmente en silencio y a oscuras. Conforme el tiempo avanza, la sospecha se hace más fuerte y crece como galopan los caballos. A menudo es habitual que se descontrole y ha habido casos en los que el sujeto pierde definitivamente el control de la situación. Es entonces cuando empiezan a ver fantasmas y a escuchar sonidos. Las cosas cambian de lugar sin motivo aparente y las noches ya no sirven para dormir. Cualquier sospecha es una afirmación. Una cruel afirmación.  Y la afirmación más cruel  es a veces también, la más pequeña.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Te escribo esta carta para decirte que...



La soledad  comienza cuando tú te has ido. Una ciudad extraña es una ciudad vacía sin ti. Desde que te fuiste la recorro solo, a ratos acompañado a penas por el recuerdo de nuestros días felices, aquellos días en los que compartimos besos, risas, caricias, confidencias y alguna botella de cava de esa marca que tanto te gusta. Solos tú y yo. Tú, yo y nuestros abismos. 
La soledad comienza, como te digo, cuanto tú ya te has marchado. Nada de lo que veo o de lo que siento ahora se asemeja a lo que veo o siento cuando tú estás conmigo. La silueta de una catedral, el borde de un río o un simple camino tortuoso de tierra que conduce a un campo de olivos no parecen ser lo mismo si tú no estás conmigo. 
La soledad comienza, ya te habrás dado cuenta, porque tú no estás, porque te has llevado la alegría de tus ojos, la paz de tu silencio, el calor de tus labios y el ardor de tu cuerpo acostumbrado ya al mío. La soledad es inmensa, más inmensa aún desde que no te veo. 
Te escribo esta carta para recordarte también que hoy luce el sol, que el otoño parece haber olvidado su cometido y  que han vuelto a llorar las estatuas del jardín justo en el instante en el que tú te has ido.